En Hollywood hay películas que terminan cuando aparecen los créditos.
Y hay otras que parecen continuar mucho después de que el público abandona la sala.
It Ends With Us pertenece claramente a la segunda categoría.
La película, estrenada en 2024 y protagonizada por Blake Lively y Justin Baldoni, parecía tener todos los ingredientes para convertirse en un éxito: una novela muy popular, dos actores conocidos y una historia romántica con un tema mucho más oscuro detrás.
Pero la relación profesional entre sus protagonistas terminó rompiéndose.
Lo que vino después fue una batalla legal que durante meses ocupó titulares, enfrentó a dos equipos de abogados y convirtió una película sobre una relación complicada en una historia sobre poder, reputación y control de la narrativa pública.
Y aunque el conflicto terminó llegando a un acuerdo en mayo de 2026, sus consecuencias todavía no han desaparecido.
Todo comenzó con una película
It Ends With Us está basada en la novela de 2016 escrita por Colleen Hoover.
La historia sigue a Lily Bloom, interpretada por Lively, una mujer que comienza una relación con Ryle Kincaid, el personaje de Baldoni.
Al principio, la relación parece una historia de amor.
Pero rápidamente aparecen comportamientos violentos y abusivos.
La película buscaba abordar precisamente esa parte complicada de las relaciones: cómo una persona puede quedar atrapada en una dinámica de violencia incluso cuando todavía siente cariño por su pareja.
Baldoni no solamente interpretó a Ryle.
También dirigió la película.
Lively, por su parte, se convirtió en una de las figuras centrales del proyecto y, con el tiempo, surgieron diferencias sobre distintos aspectos de la producción.
La película funcionó comercialmente mejor de lo que muchos esperaban.
Pero mientras el público discutía sobre la historia, detrás de cámaras la relación entre sus protagonistas se deterioraba.
La ruptura profesional
Después del estreno comenzaron a aparecer señales de tensión.
Lively y Baldoni prácticamente dejaron de promocionar juntos la película.
En redes sociales y entrevistas, los fans empezaron a notar que algo no parecía estar bien.
Pero nadie fuera del círculo de producción conocía realmente la magnitud del problema.
Eso cambió en diciembre de 2024.
Lively presentó una denuncia ante autoridades de California en la que acusó a Baldoni de acoso sexual y represalias durante la producción de la película.
También alegó que se había organizado una campaña para dañar su reputación después de que ella planteara sus preocupaciones.
Baldoni negó las acusaciones.
Y a partir de ese momento, la historia dejó de ser solamente un conflicto entre compañeros de película.
Se convirtió en una batalla legal.
Baldoni respondió con su propia demanda
En enero de 2025, Baldoni y su compañía, Wayfarer Studios, presentaron una demanda contra Lively, su esposo Ryan Reynolds y otras personas relacionadas con ella.
La acusación era muy diferente.
Baldoni sostuvo que Lively había participado en una campaña para destruir su reputación y acusó a los demandados de difamación, extorsión civil y otros daños.
En esencia, cada lado tenía una versión completamente distinta de lo que había ocurrido.
Lively decía que había denunciado comportamientos inapropiados y que después había sido objeto de represalias.
Baldoni sostenía que las acusaciones eran falsas y que Lively había intentado tomar el control creativo de la película mientras utilizaba su influencia para perjudicarlo públicamente.
De pronto, el estreno de una película romántica había dado paso a una batalla judicial entre dos de sus protagonistas.
Hollywood empezó a tomar partido
La disputa no permaneció encerrada en los tribunales.
Cada nuevo documento judicial podía convertirse en una noticia.
Cada declaración de los abogados generaba titulares.
Y cada filtración alimentaba las discusiones en redes sociales.
El caso se convirtió en un ejemplo extremo de lo que algunos abogados y especialistas en comunicación han llamado una guerra de relaciones públicas.
La batalla ya no consistía solamente en demostrar quién tenía razón ante un juez.
También estaba en juego algo mucho más difícil de recuperar:
la reputación.
Para una estrella de Hollywood, esa reputación puede determinar qué películas consigue, qué marcas quieren trabajar con ella y cómo el público interpreta sus próximos proyectos.
Por eso los equipos legales de ambos lados utilizaron declaraciones públicas con mucha frecuencia.
Cada parte intentaba imponer su propia versión de la historia.
La película quedó atrapada en medio
Y ahí apareció una de las grandes ironías del caso.
It Ends With Us hablaba de violencia doméstica y de la dificultad de reconocer y abandonar una relación abusiva.
Pero la promoción de la película terminó dominada por la disputa entre sus protagonistas.
En lugar de hablar solamente del mensaje de la historia, el público empezó a discutir sobre Lively y Baldoni.
La controversia terminó convirtiéndose prácticamente en parte de la película.
Aun así, la cinta tuvo un desempeño comercial sólido y superó las expectativas iniciales de taquilla.
El éxito comercial, sin embargo, no solucionó el conflicto entre sus protagonistas.
El tribunal empezó a descartar partes de las demandas
Durante 2025 y 2026, el caso fue avanzando por diferentes etapas.
En junio de 2025, el juez federal Lewis J. Liman desestimó la demanda presentada por Baldoni y Wayfarer contra Lively y Reynolds.
La decisión eliminó una parte importante del contraataque legal de Baldoni.
Pero eso no significó que todas las acusaciones de Lively hubieran sido aceptadas.
Meses después, el mismo juez también rechazó las reclamaciones de acoso sexual de Lively contra Baldoni, señalando que ella había trabajado como contratista independiente y que esas reclamaciones no podían continuar de la manera planteada.
Sin embargo, permitió que siguieran determinadas reclamaciones contra Wayfarer Studios.
Esto es importante porque el caso no puede resumirse correctamente diciendo que “Lively ganó todo” o que “Baldoni fue declarado culpable”.
Eso no ocurrió.
La batalla judicial tuvo múltiples reclamaciones, decisiones parciales y argumentos distintos.
Entonces llegó el acuerdo
El juicio estaba previsto para celebrarse en mayo de 2026.
Pero antes de que comenzara, Lively y Baldoni llegaron a un acuerdo.
Los términos económicos del acuerdo no fueron revelados públicamente.
Ambos lados emitieron una declaración conjunta en la que reconocieron la importancia de abordar las preocupaciones planteadas y expresaron su compromiso con entornos de trabajo libres de conductas inapropiadas y ambientes improductivos.
Con eso terminó la parte principal de la batalla.
Al menos aparentemente.
Porque todavía quedaba una cuestión pendiente:
¿Quién iba a pagar los millones de dólares que ambos habían gastado en abogados?
El último capítulo llegó esta semana
El 26 de agosto de 2026, el juez Liman tomó una decisión que volvió a poner el caso en las noticias.
Lively había solicitado aproximadamente US$8,04 millones para cubrir sus gastos legales relacionados con la disputa.
El juez finalmente le concedió US$407.451.
La cifra incluye aproximadamente US$363.245 en honorarios de abogados y US$44.206 en otros costos.
Es decir, alrededor del 5% de lo que había solicitado.
El juez consideró que el trabajo de los abogados de Lively había sido de alta calidad y que algunas de las tarifas cobradas eran razonables debido a la complejidad del caso.
Pero consideró excesiva parte de las horas reclamadas y determinó que la legislación aplicable no permitía recuperar todos los gastos que Lively había incluido en su solicitud.
Una decisión que ambos lados presentaron como una victoria
Y aquí aparece otra de las particularidades de esta historia.
Los dos lados interpretaron la decisión favorablemente.
Los abogados de Lively calificaron el fallo como histórico porque sería la primera vez que se conceden honorarios bajo una ley de California diseñada para proteger a personas que denuncian acoso sexual frente a determinadas demandas de represalia.
Del otro lado, el abogado de Baldoni describió la decisión como una victoria significativa para sus clientes, destacando que Lively recibió mucho menos de lo que había solicitado.
Ambas partes también acordaron no apelar esta decisión sobre los honorarios.
Es una conclusión bastante particular para una batalla tan larga.
Ninguno de los dos equipos salió del tribunal diciendo simplemente: “perdimos”.
¿Quién ganó realmente?
Esa es probablemente la pregunta que más aparece cuando se habla del caso.
Pero la respuesta no es sencilla.
Lively consiguió que la demanda por difamación presentada contra ella fuera desestimada y ahora recibirá una parte de sus gastos legales.
Pero sus propias reclamaciones de acoso sexual contra Baldoni también fueron rechazadas por el juez.
Baldoni, por su parte, no consiguió mantener adelante la demanda que había presentado contra Lively y Reynolds.
Y aunque ambas partes llegaron a un acuerdo, no hubo un juicio en el que un jurado escuchara todas las pruebas y determinara quién tenía razón sobre cada una de las acusaciones.
Por eso sería incorrecto presentar el final de la historia como una victoria absoluta de cualquiera de los dos.
Lo que sí ocurrió es que ambas partes decidieron poner fin al conflicto antes de llegar a un juicio completo.
Más que una pelea entre dos actores
El caso Lively-Baldoni terminó convirtiéndose en algo mucho más grande que una disputa entre dos personas.
Representa una nueva realidad de Hollywood.
Los actores ya no solamente tienen que preocuparse por sus actuaciones.
También tienen que manejar redes sociales, entrevistas, filtraciones, abogados, equipos de relaciones públicas y una audiencia que analiza prácticamente cada movimiento.
En una época en la que una publicación puede convertirse en tendencia mundial en cuestión de minutos, la reputación se ha vuelto casi tan importante como el trabajo.
Y una acusación pública puede cambiar completamente la percepción de una persona antes de que un tribunal haya escuchado el caso.
La batalla por la narrativa
Quizá la parte más interesante de todo este episodio sea precisamente esa.
Durante meses, millones de personas siguieron la historia sin tener acceso directo a todas las pruebas.
Lo que recibían eran fragmentos:
un documento judicial,
una declaración de un abogado,
un mensaje filtrado,
una entrevista,
una publicación en redes,
una nueva acusación.
Y cada fragmento alimentaba una versión diferente de la historia.
Eso convierte este caso en un ejemplo perfecto de cómo funciona el drama moderno de Hollywood.
La batalla no ocurre únicamente en una sala de tribunal.
También ocurre en TikTok, Instagram, X, YouTube, medios de entretenimiento y conversaciones entre fans.
El juicio puede tener un juez y un jurado. La batalla por la opinión pública tiene millones de espectadores.
¿Qué queda después de todo esto?
Para Lively, el episodio deja una enorme exposición pública y una larga disputa legal detrás.
Para Baldoni, también.
Para Hollywood, deja una lección todavía más amplia.
Los conflictos laborales, especialmente aquellos que involucran acusaciones de acoso o represalias, pueden convertirse rápidamente en crisis de reputación cuando las personas involucradas son famosas.
Y cuando existen abogados, grandes equipos de comunicación y millones de seguidores observando cada movimiento, separar los hechos de la narrativa puede convertirse en una tarea extraordinariamente difícil.
La historia de It Ends With Us empezó como una película sobre una relación que se complicaba.
Terminó convirtiéndose en una historia sobre poder, reputación, acusaciones, dinero y la forma en que Hollywood libra sus batallas en público.
Y aunque el caso legal principal ya terminó, las preguntas que dejó detrás probablemente permanecerán durante mucho tiempo.
Porque algunas películas terminan cuando aparecen los créditos.
Esta, definitivamente, no.




